Arquitectos Sociales | NOTAS CPAU

Arquitectos Sociales | NOTAS CPAU 21 | CPAU Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo

Arquitectos Sociales_Page_01

Una vez más, el sentido del oficio hay días en que se superponen distintas facetas del oficio y se ve con claridad el rumbo a seguir. Una mañana conocí a Virginia, una joven arquitecta que me instruyó sobre la operatoria del programa Mejor Vivir, y que con mucha serenidad fue desgranando en su explicación su accionar en el barrio carenciado, asentado sobre tierras provinciales, donde lleva adelante un plan para 40 familias trabajadoras. Una vez que se releva la necesidad, viene el presupuesto, cómputo, llenado de planillas, compra de materiales, estrategia de obra, seguimiento, certificaciones ante el organismos oficiales y crediticios, pago de mano de obra, etc. En este trajín, ella canaliza su oficio, su vocación de servicio, su entrega como ser humano, su capacidad técnica, los sueños de un barrio para todos, ideales políticos y sociales, su sentido de la vida. Su rostro transmitía paz interior y una sensación de profunda comprensión.

Antes que la tecnología, es el sentido social lo que está más cerca de nuestra profesión.

Esa tarde compartí en la SCA una reunión de Ópera Prima, con los jóvenes arquitectos Roque, Nicolás y Javier; digo jóvenes pues todos se presentaron frescos e ilusionados en sus primeros pasos de la profesión. En esa reunión valoramos con nostalgia el encuentro entre obreros, propietario y profesionales, compartiendo el avance de obra, con asados de por medio, tras un logro común: una manera humana de encarar el oficio. Resaltamos la búsqueda de ofrecer una respuesta no convencional a la moda establecida, sino respondiendo a la verdadera necesidad del encargo, una actitud valiente y luchadora. Se habló de no auto referenciarse, de aprender a no depender del “copio y pego”, y a ser un pensante que siempre vuelve a comenzar: no creerse que ya hemos llegado, y como la dice la música de Lerner, volver a empezar. Con estos encuentros, disparadores de muchas posturas, renuevo mis propias búsquedas: cada vez creo menos en la omnipotencia de nuestro quehacer, cada vez creo más en el desarrollo del hombre completo, que también sabe hacer arquitectura. Y ese hombre debe tener una posición en su cultura y frente a la vida, que le dé sentido a su accionar. Veo que seguimos detrás de avances tecnológicos, la revolución en las comunicaciones y las nuevas herramientas que tenemos para la profesión: bienvenidas todas, pero no está en el uso de la tecnología lo contemporáneo o la modernidad, porque la herramienta es solo eso, una herramienta. Lo esencial está en el contenido que le demos a nuestros valores y principios de acción. Antes que la tecnología, es el sentido social lo que está más cerca de nuestra profesión. Allí seremos modernos en la medida que nos ocupemos del hábitat común, de nuestras ciudades, de poblar el territorio, de planificar el planeta, y así poder acercarnos a la gesta del Cosmos.

Cada vez creo menos en la omnipotencia de nuestro que hacer, cada vez creo más en el desarrollo del hombre completo, que también sabe hacer arquitectura.

Queda mucho por hacer hasta alcanzar el valor de la justicia universal. Construyendo la torre más alta, el barrio más cerrado, o la piel más envolvente, no creo que entremos en el encuentro del otro, en la comunicación valiosa, en el “me importas mucho”. Sería deseable también una verdadera evolución tecnológica en los modos de construcción, los sistemas secos, los prefabricados, los reciclados, los materiales ecológicos al servicio de estrategias sociales, hacia un cambio tan trascendente como lo es la computación en el proyecto… Pero insisto, lo fundamental es una conciencia plena del complejo universo del hombre, conciencia de hacia dónde buscar nuestro rumbo, de lo que deseamos como seres humanos para nuestras sociedades y para nuestro planeta. Éste debe ser el conocimiento orientador: hombres sociales, políticos, ecológicos, fraternos, poetas, maestros, artistas, constructores… y en nuestro caso, arquitectos gestores del bien común.

Construyendo la torre más alta, el barrio más cerrado, o la piel más envolvente, no creo que entremos en el encuentro del otro, en la comunicación valiosa, en el me importas mucho.